Mandarina se va a apuntar a su primera
Acabo de empezar el blog, y no os quiero aburrir aun con la historia de mi transición de la vida sedentaria al fanatismo por el deporte, pero para que os hagáis a una idea, empecé a correr hace dos años y pico, poco a poco y pique a pique.
Al principio (en la cinta del gimnasio), lo odiaba. Pero empezó la primavera de Madrid y como (toco madera) no soy alérgica a ninguna florecilla del carril bici de la villa, comencé a correr al aire libre, cada vez más distancia. A mi madre, Clementina, le dio por invitarnos a Naranjita y a mí a la Carrera de la Mujer y me enamoré del ambiente de las carreras populares.
Durante el curso pasado, coleccioné dorsales en la puerta de mi armario, pero nunca superé la distancia de los diez kilómetros.
Mi Ashley Amarilla y yo nos propusimos la locura de correr media maratón, la media de Madrid. El objetivo era correr #21antesdelos21, edad que alcancé el verano pasado.
Por vagas, culisgordis, y usando la excusa del estrés de la universidad, fuimos retrasando el entrenamiento y la inscripción hasta que fue demasiado tarde, así que cumplí los 21 sin haber corrido esos veintiún kilómetros. Lo sé, lo sé.
Durante este curso en Kansas, entre el frío, la nieve, el viento, las hamburguesas y el Hersheys de Cookies and Cream, he corrido bastante menos de a lo que me había acostumbrado (y sí, en Navidad hice la que espero que sea la peor San Silvestre de mi vida).
Pero, como es primavera de nuevo, he vuelto a correr. Se me llenan los pulmones con aire que no está congelado, se me cargan los gemelos mientras piso florecitas que amortiguan mis pisadas, huele a la barbacoa que están preparando mis brasileiros favoritos y las ardillitas se esconden entre los arbustos mientras las gringas se creen que estamos en la playa y toman el sol subrayando libracos que tienen pinta de coñazo.
Ayer, hablando con mi amiga Paraguaya (en serio, es paraguaya, no es que le haya puesto nombre de fruta), nos decidimos a correr media maratón. Así, de locura.
Sí, empiezo este blog diciendo lo que NO hay que hacer. NO os preparéis media maratón en un mes.
Pero como dice Clemente, "Haced lo que papá diga, no lo que papá haga".
El plan de entrenamiento que no hay plan de entrenamiento. Correr. No dos días seguidos. No pasarse de 10 kilómetros por sesión en la semana de la carrera. Y empezamos mañana con 12.
Es malo, sí. Pero no quiero cumplir 22 sin mi media. No voy a forzar, no quiero hacer tiempo. Solo quiero quedarme con el recuerdo de cruzar la meta y sentirme a la vez muerta y más viva que nunca.
No se me lesionen, porfitas.